Hace un par de días ocurrió algo asombroso en casa. Un famoso youtuber (Rubius) organizó un torneo con otros streamers para jugar a través de Twitch a un videojuego basado en una serie de TV que está batiendo records de popularidad (sí, El Juego del Calamar). Hasta aquí todo normal para el año 2021. Curiosamente, tanto mi marido (44 años) como mi hija (a punto de cumplir 8) son seguidores de dos de los streamers que participaban, de modo que él en el ordenador conectado a Twitch y ella viendo YouTube en el iPad estaban asistiendo simultáneamente al mismo espectáculo online pero desde puntos de vista totalmente diferentes y complementarios. Disfrutaron mucho y como experiencia intergeneracional me pareció asombrosa.

Tiene tantas dimensiones la situación que me cuesta abarcarlas todas:

  • Una serie de televisión muy popular, aunque no para todos los públicos, que no han visto ninguno de los dos
  • Un videojuego basado en esa serie
  • Un torneo para jugar juntos al videojuego
  • Emisión en streaming desde 100 canales diferentes
  • Cada espectador visualizando su versión del espectáculo con su streamer favorito
  • y seguro que se me escapan cosas

Mientras tanto, al fondo del salón, el televisor apagado, su estado habitual.

Cuando era pequeña recuerdo ver la televisión, que entonces emitía sólo por las tardes y sin repeticiones, y pensar formas de mejorarla. Internet y la televisión a la carta trajeron esas mejoras pero estamos en una nueva etapa e imagino algún niño o niña en su casa diseñando el entretenimiento del futuro, que ahora sólo está en pañales.