Rutas por Madrid: Plaza Castilla-Sol

by Gemma Ferreres

Embadurnados con protección solar, cubiertos con gorrito de paja, aprovisionados de agua fresquita y sandalias cómodas, un sábado de julio a la 1 de la tarde iniciamos la ruta Plaza Castilla-Puerta del Sol.

Plaza Castilla es una zona de Madrid bien comunicada por metro y autobús. La línea 1 del suburbano lleva a Sol y tiene estaciones en la Glorieta de Bilbao y Gran Vía. La línea 10 es rápida y atraviesa la Castellana bajo tierra desviándose al final hacia Plaza de España. El autobús número 27 recorre todo el Paseo de la Castellana hasta más allá de Atocha, con paradas en muchos lugares turísticos y comerciales de Madrid: Glorieta de Emilio Castelar para visitar el Museo Sorolla, El Corte Inglés de Nuevos Ministerios, Plaza de Colón, Cibeles, Museo del Prado, Museo Thyssen… pero, por una vez, decidimos bajar los 5 km del Paseo de la Castellana a pie.

Resulta curioso pasar por la puerta de numerosos comercios que normalmente sólo ves de lejos desde el autobús, como la papelería que admite encargar sellos de caucho y encuaderna libros y fascículos. En el WorkCenter de Cuzco un caballero de mediana edad revisaba su hotmail.

Parada técnica en la juguetería de El Corte Inglés de Azca, toda una planta, a nivel del suelo. “Los clics cada día están más orientados a chicas” comentan a mi izquierda. Entre las figurillas de Star Wars falta R2D2. “Es que únicamente comercializan merchandising de las tres primeras películas”. “O sea, de las tres últimas ¿no?”. “Los scalextric no bajan de precio”.

Hablando de scalextric ¿no iban a quitar el de Rubén Darío? Nunca me ha gustado la zona de sombras que produce; el museo al aire libre se podría conservar, exceptuando la escultura colgante, si no existe riesgo de que se deterioren.

El gigantesco Corte Inglés de Nuevos Ministerios es el buque insignia de la cadena de grandes almacenes española, tan grande como laberíntico. No nos acercamos al centro comercial pero en uno de los puestos del mercadillo permanente de la explanada vimos unos bolsos tipo bandolera que se aproximaban a lo que buscaba, ¿el problema? que el de tamaño mediano no lleva bolsillo exterior para el abono transportes y el pequeño, que sí lo lleva, pues es muy pequeño. Otra vez será. Continuamos nuestro camino.

Un punto crítico de la ruta es atravesar la acera de Nuevos Ministerios con el sol cayendo a plomo y sin poder resguardarse bajo los soportales. Nuestra opción fue entrar en el tranquilo parque público y así ver a los vecinos de la zona pasear a sus perros, jugar con los peques o leer un libro. Hélices y otras piezas de viejos ¿buques? hacen el papel de esculturas en los jardines.

A la altura del Museo de Ciencias Naturales era tentador detenerse a visitar la exposición sobre Darwin o tumbarse unos minutos en el cesped pero eso hubiera trastocado nuestro objetivo del día.

En este punto dejamos la acera y continuamos nuestro recorrido por el paseo central. Es triste verlo tan solitario. Sólo nos cruzamos con un ciclista y cuatro indigentes durmiendo en los bancos cada pocos metros. Ni punto de comparación con el Paseo de los Filósofos de nuestro viaje a Japón, que discurre junto a un río. Me pregunto qué se podría hacer para revitalizar estre tramo de la Castellana. No hay espacio para quioscos ni terrazas y, si los hubiera, tampoco es una zona fácilmente accesible ni idónea para las compras salvo por el ABC Serrano, situado en la antigua sede de la centenaria cabecera.

Sin mayor esfuerzo estábamos ya en la plaza de Colón que como casi todo “Madrid candidata olímpica” está en obras ya que van a trasladar la fuente central a un lateral.

El tramo de la Castellana que discurre entre Colón y Cibeles se denomina Paseo de Recoletos , en él se inicia la milla de oro del arte en alusión al número de museos por metro cuadrado. A la izquierda se sitúa la Fundación BBVA, con sus exposiciones dedicadas al arte latinoamericano y enfrente la Fundación Mapfre inauguró hace unos meses su nueva sala de exposiciones. Entramos directamente a la tienda. El vigilante de seguridad y la cajera parecían aburridos, se quejaban de la poca afluencia de público. Tal vez si los comisarios cambiaran la mono-dieta de exposiciones sobre Rodín, alumnos de Rodín y Rodín algunos nos acercaríamos más a menudo. La librería es increíble, con multitud de obras en francés e inglés que no compro porque leo con más lentitud en dichos idiomas. Espero que algunas se traduzcan pronto. Uno de los libros que más me sorprendió fue un pequeño ejemplar de Las Metamorfosis de Ovidio con ilustraciones de Picasso. Mi única compra, al final, fue un regalo pequeño, práctico y original que encajaba con la personalidad de la destinataria. Como todavía nos quedaba bastante recorrido y no nos apetecía llevar peso no quisimos comprar nada más, aunque los clics de Playmobil de treinta centímetros de altura gustarían a más de uno :-)

En Recoletos la duda era si tomar un refresco en una terraza o reponer nuestra reserva de líquidos en un quiosco callejero. Al final nos decidimos por un Aquarius de limón y un agua mineral fresquita por 2.20 euros que nos bebimos en un banco y dejamos para mejor ocasión la terraza del Café Gijón o cualquier otra, no porque multipliquen por cuatro el precio de las consumiciones respecto al quiosco sino porque hubiera supuesto interrumpir nuestra caminata. Como el mensaje de austeridad está calando en el entorno de crisis en el que vivimos, me pareció buena idea el soporte publicitario que ha elegido Nestlé para su sorteo de un piso: un servilletero de cartón que dispensa servilletas con la marca y el texto de la promo en azul sobre blanco. Útil, barato, diferente, lo lees, hasta te lo guardas.

Diez minutos después y con el itinerario para el resto del día ya decidido nos pusimos de nuevo en marcha. Comeríamos en el Pans&Company de la Puerta del Sol. Para los que no son de Madrid y tienen dudas, para llegar desde Recoletos sólo hay que girar a la derecha en Cibeles y tomar la calle de Alcalá que, lo adivinaste, está en obras. Se ven adoquines y ¡antiguas vías de tranvía! ¿Irán a recuperarlo para el transporte por el casco histórico de la ciudad? :D Siento no tener foto pero entonces no tenía intención de escribir sobre la “excursión”.

Cuánto ha cambiado Pans&Company en el año o más tiempo que hace que comí allí por última vez. En el de Sol han reducido la oferta, que no me parece mal ya que era bastante complicado elegir bocadillo, pero han introducido cambios que tiran por tierra el concepto de “cómida rápida” con acento español. Me apenó bastante comprobarlo. Los bocadillos clásicos siguen a la venta, además, han conservado los más representativos y que seguramente eran las más demandados: mediterráneo, extremeño, noruego… Sin embargo, cada vez abunda más el bacon, la lechuga y el tomate en rodajas como acompañamiento y las salsas barbacoa. Hasta hay un bocata de hamburguesa (WTF). Probablemente se han adaptado al tipo de público que se acerca a estos restaurantes pero es una lástima que hayan tenido que dar ese paso. DISCLAIMER: no tengo ni idea de restauración pero lo que yo hubiera hecho en su lugar es mantener los bocadillos genuinos más populares, introducir algunos puramente “fast food” sin disimulo y, he aquí lo importante, crear una opción gourmet al estilo Starbucks que te permita personalizar tu bocadillo. Al fin y al cabo, no hay tantas combinaciones: tipo de pan (normal, leña, mollete…), ingrediente(s) principales (pechuga de pollo, atún, jamón, queso brie, lomo…), guarnición (pimiento, cebolla caramelizada, lechuga, “tumaca” en vez de tomate en rodajas, que una es levantina) y añadidos opcionales. Yo lo hubiera agradecido en vez de tener que preguntarle a la dependienta qué bocadillos llevaban filete de pollo y si me podían quitar el bacon. El cliente se siente feliz eligiendo su bocadillo y viviendo la “experiencia Starbucks”.

Tras el avituallamiento nos desviamos ligeramente de la ruta y retrocedimos unos pasos hasta El Café del Príncipe, en la Plaza de Canalejas. No tomamos mojitos sino café con leche y café bombón. ¿Los baños? Pequeños pero muy limpios.

En este punto del trayecto nos dimos cuenta de que no habíamos traído de casa “toallitas refrescantes” así que entramos en la perfumería Sephora. Tenían toallitas desmaquillantes en formato de viaje y nos llevamos tres paquetitos, que siempre vienen bien. Cumplieron perfectamente su misión de quitarnos la contaminación incrustada en la frente y las mejillas después de tres horas caminando por la calle de mayor tráfico de Madrid.

Dedicamos el resto de la tarde a realizar algunos recados y compras por la calle Preciados, por orden de aparición: Sfera, H&M, Mango, Zara, FNAC… Como estamos en plenas segundas rebajas todo está a 10 euros.

Los mimos o estatuas vivientes, a la hora que llegamos, aún estaban maquillándose. La “orquesta” de músicos de Europa del Este que suele tocar el canon de Pachelbel había sido sustituída por unos tunos. Daba calor verlos con el traje negro y la capa.

A las 20 horas ya estábamos pensando en dar por terminada la ruta y la mejor opción en esos casos, si no tienes reserva para cenar, es ir a La Gloria de Montera, cocina creativa a precios asequibles. Abren a las 20.30 y siempre hay gente haciendo cola. Debe venir en alguna guía de viajes porque durante todo el año hay turistas esperando para entrar, aunque, paradójicamente, no este día. Probamos el gazpacho de sandía con medallones de mozzarella, el bacalao al ajo (¿el país del garlic?) y el carpaccio de ternera; un cuarto de litro de vino blanco de la casa y un postre para compartir. Salió por poco más de 30 euros.

Cerca de la Plaza de Canalejas antes mencionada se puede tomar el autobús de la línea 5 que lleva de nuevo a Plaza Castilla. Da bastantes vueltas pero si no se tiene prisa siempre hay asientos vacíos ya que es su primera parada.