Nueva York: tres meses después

by Gemma Ferreres

Rascacielos vistos desde Bryant Park Lo que más me gusta de Nueva York es entrar en un restaurante y que me sorprendan con un éxito musical de los años 50, o 70 u 80. Su banda sonora es extraordinaria. Me ha recordado canciones que hacía lustros que no escuchaba y que sería impensable oir en una emisora de radio española. Como ese “Oh Boy” que salía de un karaoke la noche que volvíamos de ver Mary Poppins en el teatro.

Lo que menos me gusta son las bolsas de basura que llenan las calles a partir de las siete de la tarde. Y esa sensación de suciedad que invade el metro. Intuyo que lo limpian, porque si no sería imposible bajar al subterráneo pero el estado de conservación es tan lastimoso que no me extraña que muchos neoyorquinos no se atrevan a pisarlo.
Un Lincoln, icono neoyorquino que desaparece Son los que viajan con su chófer en los sedanes Lincoln, o en limusinas de la misma marca, un icono neoyorquino que ya tiene fecha de caducidad, como los taxis amarillos o los coches de policía modelo Ford Crown Victoria, que después de 30 años han dejado de fabricarse este mismo mes de septiembre.

Los primeros días de nuestra estancia en Nueva York nos sorprendía la actitud distante de los vecinos, ni siquiera devolvían el saludo. Lo achacamos a una costumbre local o simplemente al hartazgo de ver vecinos nuevos cada dos por tres. Sin embargo, súbitamente, todo cambió en los últimos días. Una vez acostumbrados a vernos, no sólo nos sonreían sino que uno de ellos se presentó, nos contó que llevaba quince años viviendo en el edificio y nos ofreció su ayuda para cualquier cosa que necesitásemos, sólo teníamos que llamar a su puerta. ¡Menudo cambio!

Coin laundry Y es que salir adelante en Nueva York, si no perteneces a ese grupo de afortunados cuyo sueldo supera los 200.000 dólares al año, debe de ser bastante duro. Es muy cómodo que los comercios abran los domingos y muchos no cierren por la noche, pero las cajeras, a última hora del día, ya no tienen ánimos para decir “hola” o “de nada” cuando les das las gracias. No sé cuántas horas al día trabajan los vendedores de los puestos callejeros de comida pero en nuestro laundry, por ejemplo, siempre que íbamos, fuera lunes o viernes, por la mañana o al final del día, siempre estaba Marta, la señora mexicana que lo atendía. Por no hablar de los que recogen botellas de plástico de las papeleras para llevarlas a reciclar.

Césped de Bryant Park En el lado amable de la ciudad se encuentran las numerosas actividades gratuitas al aire libre: cine, música, danza… Las plazas y parques están llenos de sillas y mesitas para que los neoyorquinos se sienten. Es costumbre comer una ensalada o una hamburguesa del Shake Shak o conectarse un rato con el portátil o el smarthphone. Nada que ver con las plazas de cemento sin árboles ni bancos de Madrid.

En televisión son muy habituales los anuncios que buscan tocar la fibra sensible del espectador: niños enfermos, animales abandonados… La caridad es un pilar importante en un país con servicios sociales limitados. Seguros médicos, hipotecas inversas, firmas de abogados que te animan a denunciar y hacer reclamaciones, exterminadores de plagas (bed bugs)… Por supuesto, también anuncian pizzas y coches, como el Ford Mustang, con el héroe local Derek Jeter.

El mito de que los estadounidenses no saben donde está España he de decir que es cierto. En Harlem, cuando íbamos camino de una misa Gospel una señora nos preguntó de dónde éramos y a continuación que en qué parte de Brasil estaba España. Rectificó rápidamente y comenzó a hablar de toros :) En Macy´s nos ocurrió algo parecido, cuando una dependienta hispanohablante quiso saber si en España era primavera u otoño, esto es, si está en Latinoamérica o en Europa…

Resultó curioso, durante estos meses, comprobar cómo en muchos aspectos, a pesar del auge asiático, Nueva York sigue siendo la capital del mundo. Abrías un periódico español y te encontrabas en portada con noticias locales como:

Para finalizar, un vídeo grabado ayer en Central Park de una violinista versionando Viva la Vida de Coldplay.

Las fotos del viaje, como siempre, en el Set de Flickr.