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Roadtrip: Nueva York-Chicago

by Gemma Ferreres 2 Comments

No sé por qué se me ocurrió llamar a la serie de posts sobre nuestro año sabático “Aventura 2011” en vez de “maravillosas vacaciones” o “tranquilidad absoluta” pero el “objetivo aventurero” se ha más que cumplido, con terremotos, vuelos accidentados y huracanes incluidos.

Cabrita en granja Amish Este post lo esbocé mientras viajábamos de Chicago a Nueva York en un tren de largo recorrido de la RENFE estadounidense, Amtrak. Los vagones son más grandes de lo habitual, con dos plantas, la inferior para el equipaje y los aseos (restrooms) y la superior para los pasajeros. El espacio entre asiento y asiento también es mayor de lo acostumbrado aunque no lo suficiente para dormir cómodamente. Viajar 25 horas sentados no era lo que habíamos previsto, pero a causa del huracán que se interpuso en nuestro camino nuestra roomette con cama y aseo privado se había quedado en un asiento sin número reservado o, lo que es lo mismo, el primero que llega, elige.

Un viaje de larga distancia no comienza de verdad hasta el momento “los pasajeros empiezan a quitarse los zapatos”. Nuestro trayecto con Amtrak transcurrió despacio, ya que -literalmente- los ingenieros aún estaban revisando las vías pero, armados con comida para el estómago y la mente en forma del New York Times y el Newsweek dedicado a la renuncia de Steve Jobs nos resignamos a pasar la noche en el tren.

Como dormir en los couch no era muy cómodo, me desperté y vi cómo los revisores pasaban por la noche con linternas vigilando que todo estaba ok. Vi a una señora que no encuentraba su asiento, fundamentalmente porque se equivocaba de número. Vi el amanecer a través de la ventanilla. Vi cómo el otoño llegaba a los bosques americanos.

El recorrido en tren era la etapa final de un roadtrip que nos llevó de Nueva York a Chicago atravesando Lancaster, Pittsburgh y Cleveland. Comencemos por la tierra de los Amish.

Lancaster y la tierra de los Amish
Amish arando la tierra En los viajes a Tokio y Nueva York buscábamos el futuro y lo que finalmente nos sorprendió fue el pasado: la forma de vida de la población Amish. Sus coches de caballos, sus vacas, la ropa tradicional tendida al sol, los dulces y quilts hechos a mano…

Si volviera por estas tierras haría caso a los folletos de la oficina de turismo de Lancaster, que invitan a no pasar de largo y despertar una mañana en esta tranquila ciudad.

Fallingwater, la casa de la cascada de Frank Lloyd Wright
Fallingwater En el hotel nos dijeron que se tardaba unos veinte minutos en llegar a Fallingwater, la famosa casa con una cascada en su interior diseñada por el arquitecto Frank Lloyd Wright. Bien, no es así, desde Pittsburgh hay fácilmente una hora de trayecto, así que llegamos con el tiempo justo para la visita, después de serpentear por los bosques de Pensilvania. La zona está salpicada de viviendas aisladas; personalmente, a mí me daría bastante miedo vivir en un entorno así y esto me hizo entender, en cierto modo, que muchos estadounidenses tengan armas en casa.

Aunque el diseño de Fallingwater es de los años 1930s, en todo momento durante la visita guiada, me sentí dentro de una película de los años 1960s, como si el arquitecto se hubiera adelantado a su tiempo. Posteriormente, en Chicago, comprobaríamos que el recuerdo de Frank Lloyd Wright es omnipresente en la ciudad: libros, souvenirs…

Y tras la visita cultural, llega la nota pintoresca.

Punxatawney, hogar de la marmota Phil
Si has visto Atrapado en el tiempo – no es mi caso- conocerás la historia de la marmota Phil, que cada 2 de febrero anuncia si ha llegado la primavera. Toda la población de Punxatawney gira en torno a su pequeño héroe local: en la biblioteca, a través de un cristal, se puede ver a Phil, su mujer Phillys y su cría; por todo el pueblo hay reproducciones de Phil a tamaño gigante y, finalmente, comimos ese día en un díner típico llamado Punxy Phil´s. Por cierto, mientras estábamos en el diner fue cuando, por una llamada de @belulah a @mateo2016, supimos que se había producido un terremoto que afectó a Nueva York y Washington. Por suerte, esta vez estábamos lejos. Del huracan Irene aún no teníamos noticias.

Cleveland: Rock and Roll Hall of Fame
Llegando a Cleveland tuvimos el único “susto” del roadtrip. Al pasar con el Lincoln al lado de un state trooper vimos con ansiedad cómo encendía las luces de su coche y se ponía en marcha, lo que indicaba que debíamos parar. Afortunadamente, nos vio cara de turistas asustados y después de comprobar los datos del conductor nos dejó marchar con un “slow down ok?”.

A veces parece que EEUU es un gigantesco plató. Continuamente hay calles cortadas para filmar escenas de películas o spots televisivos. Nos ha ocurrido en NY, Chicago y, también en Cleveland, donde unos coches volcados y rocas de cartón piedra anunciaban el rodaje de The Avengers.

Visita obligada en Cleveland es el Rock and Roll Hall of Fame, un museo consagrado a la historia de la música popular del siglo XX. No tenía claro cómo estaría organizado un museo de ese tipo ¿únicamente habría algunas guitarras firmadas? Y, guitarras había, pero también mucho más. Me gustó la forma en que el museo rinde tributo a la historia del rock, explicando sus orígenes y su evolución a través de recuerdos de la época: vestuario, carátulas de discos, manuscritos, contratos, fotografías, memorabilia… Por supuesto, no faltan los espacios para oir música o ver vídeos curiosos, como los de los años 50 alertando de los peligros del rock and roll. La sala más concurrida es la dedicada a el Rey, Elvis y probablemente el objeto más valioso sea un Chevrolet donado por Bruce Springsteen.

Chicago, fin del roadtrip
Chicago era la última parada del viaje. Pretendíamos estar allí tres días que se convirtieron en seis. En comparación con Nueva York, Chicago nos pareció una ciudad nueva -no en vano se quemó por completo en 1871- y limpia. Lo más típico es su metro elevado y la escultura de la “habichuela”, ubicada en el Millenium Park. El Museo de Arte (Art Institute of Chicago) me sorprendió agradablemente porque alberga obras de todas las etapas de la historia. No menos sorprendente es encontrar una sala llena de Monet, ¡y yo que pensaba que estaban todos en Francia!

La famosa "habichuela" #Chicago Nos alojamos en un Sofitel de 400 dólares la noche que habíamos encontrado en oferta. El desayuno elegido por mí consistía en tortitas (pancakes) con sirope de arce (maple syrup), a las que me he aficionado. Como todo hotel caro que se precie, el acceso a internet no era gratuito, así que por primera vez en el roadtrip estábamos desconectados, justo cuando más lo necesitábamos porque… ¡¡se acercaba un huracán a Nueva York!! y su llegada coincidía con nuestra fecha de regreso al apartamento en Manhattan. Así que tuvimos que pagar por la conexión wifi y hacer varias visitas al business center para revisar el correo porque había un mensaje que, al menos yo, esperaba con ansiedad: el de Amtrak anunciando que se cancelaba nuestro viaje de vuelta en tren. Y el correo llegó, con lo que comenzó la odisea para buscar alojamiento para no sabíamos cuántos días. Obviamente no íbamos a pagar 400 dólares la noche así que nos trasladamos a un hotel más funcional con wifi gratis y al lado de la estación de tren. Tan funcional era que no tenía ni el típico bufé para el desayuno. Menos mal que había justo al lado una cafetería que servía “buttermilk pancakes with maple syrup” :) Durante los tres días extra, nuestras visitas a Union Station fueron constantes, así como la comunicación con Amtrak, que nos mantenía informados por correo electrónico e incluso contaba con servicio telefónico de atención al cliente en español. Con continua incertidumbre, prolongando nuestra estancia día a día en el hotel, conseguimos por fin plaza en uno de los primeros trenes, sino el primero, que hacía el trayecto Chicago-Nueva York, con escala en Washington. Eso sí, renunciando al coche-cama y resignándonos a pasar 25 horas sentados en el tren.

Durante los tres días de estancia extra en Chicago estuvimos muy pendientes de la CNN, donde expertos en meteorología, responsables de emergencias y los gobernadores y alcaldes de Nueva Jersey y Nueva York se dirigían a la población y alertaban de la posible catástrofe al paso del Irene. Los medios españoles también se hacían eco. Parte de la población de Nueva York fue evacuada por primera vez en su historia, aunque los locales se lo tomaban con humor, por lo que pude leer en Twitter.

Cuando finalmente volvimos a Manhattan y abrimos la puerta del apartamento respiramos tranquilos al ver que todo estaba en orden.

Puedes ver más fotos del viaje en mi Flickr.

Escultura instantánea en Central Park

by Gemma Ferreres 0 Comments

Escultura instantánea en Central Park Son muy típicos los puestos callejeros de artistas que dibujan tu retrato o caricatura en veinte minutos. En la Plaza Mayor de Madrid, sin ir más lejos, se les puede encontrar a diario. Lo que no es tan habitual, o al menos a nosotros nos ha sorprendido durante nuestra estancia en Nueva York son los puestos de “escultura instantánea” (instant sculpture). El procedimiento es el mismo, te sientas frente al artista y en menos de media hora tienes tu retrato en arcilla por treinta dólares, a los que hay que sumar -tenía truco- otros diez por la pintura y otros diez por el marco. En total, cincuenta dólares, un precio razonable por una pieza de arte.

Si durante un viaje a Nueva York quieres hacerte con uno de estos retratos, sólo tienes que ir a a la esquina Sureste de Central Park y lo encontrarás, es el primero de la fila de caricaturistas. En tres meses, sólo hemos visto a este artista y a otro enfrente de Port Authority. No sé con certeza qué días están o si sólo trabajan en verano, festivos etc. En nuestro caso, nos aseguró que Labor Day era el último día que estaba, pero sonó a truco de mercadotecnia.

El procedimiento para esculpir los retratos parte de un molde de una cara que el artista rellena con arcilla. Es el mismo para todos. Posteriormente, lo que hace es quitar y añadir el material sobrante o que falte para conseguir las facciones.

Un recorrido por la gastronomía neoyorquina

Y un poco de color local: típicos puestos de perritos calientes Uno de los puntos de contacto más importantes de los turistas con los locales es la gastronomía. En Nueva York esto ocurre en varios lugares: puestos callejeros, restaurantes y supermercados. En este post revisamos los dos primeros.

PUESTOS CALLEJEROS
Los puestos callejeros están literalmente en cada esquina. Desde la ventana del apartamento vemos tres, los ocupan cada mañana incluso en días festivos. Sería interesante conocer cómo se organizan, cómo se reparten las esquinas… Los bocados más típicos que he probado hasta ahora son:

Pretzels
Es un pan con forma de lazo que se puede pedir salado (salted) o no. Los dos que he comido eran salados. El primero lo compré por la mañana y estaba muy tierno, me quedé con ganas de repetir, así que otro día pedí otro que, ¡horror! estaba duro y parecía cocinado con aceite mil veces reutilizado. Estoy casi segura de que era del día anterior. Ahora me queda la duda de cuál es el habitual y si volver a comprar uno. Precio: $ 3

Nuts
Lo primero que percibí al bajar de la furgoneta que nos trajo desde el aeropuerto fue el olor a frutos secos fritos con miel. En un principio pensé que era gofres pero ahora ya reconozco el aroma. Los venden calientes, en pequeños paquetitos de papel y siempre intentan que compres de más: si pides uno te intentan vender dos, si pides dos, quieren que compres tres haciéndote un precio especial. Al igual que con la sal en los pretzel todo parece perseguir que te hagas adicto, pero no somos tontos y nos hemos dado cuenta ;-). Precio: $ 2

Bananas
En un país donde todo me está pareciendo caro las bananas son increiblemente baratas. Habitualmente compramos tres por un dólar pero las hemos visto a cinco por un dólar. Aunque tenemos identificados varios puestecillos en la Octava Avenida, mi favorito es el que regenta un hindú, hasta nos deja ya elegir la fruta :) Lo bueno de la fruta que hemos visto es que está en el punto de maduración justo para comerla, no como en Madrid que los plátanos o están verdes o pasados.

Kebab
Puede ser de pollo, de cordero o “combination”. Lo sirven en platos de aluminio para tomar o llevar. Van acompañados de arroz, lechuga, auténtico pan de pita y salsa de yogur (creo) y picante. Hay tres puestos cerca de casa y uno de ellos siempre tiene unas colas inmensas de gente esperando. El primer día no se nos ocurrió otra cosa que pedir un plato para cada uno y es tal la cantidad de comida que incluye que estábamos llenos y el plato parecía aún intacto. Una sola ración puede alimentar perfectamente a dos personas durante dos días xD. Precio: $ 6

Hot dog
Nada interesante por aquí. Pan con salchicha y ketchup y/o mostaza al gusto. Precio: $ 3

Helado
Por un error en Central Park, aún tenemos pendiente probar los helados. Vimos un puesto de “ice cream” y cuando empezó la dependienta a llenar las tarrinas nos quedamos estupefactos: ¡¡pero si las está llenando de toppings!! Finalmente no era eso y se trataba de un tipo de helado formado por pequeñas bolitas (dippin’ dots). Estaba rico y sabía a helado pero la textura no es la misma.

Batidos
Espectaculares. En un minuto en un puesto callejero preparan delante de ti un batido (milk shake) riquísimo mezclando helado y sirope del sabor elegido. El resultado es una deliciosa bebida espesa que apenas puedes aspirar por la pajita. Nosotros los probamos en la puerta del MET. Precio: $ 5

A estas alturas de la lectura ya te habrás dado cuenta de que tenemos suerte si no hemos ganado cinco kilos cada uno.

COMIDA RÁPIDA
Hemos visitado unos tres restaurantes que se pueden considerar comida rápida. Los platos consumidos son:

Bagel
Los venden también en puestos callejeros pero yo lo pedí “para llevar” en un restaurante de comida rápida. Fue un acierto llevármelo porque de nuevo su tamaño era tan gigantesco que me sirvió como comida y como cena. Son unos panes con forma de dónut y existen múltiples modalidades. En mi caso, elegí un “russian” con sésamo. No recuerdo todos los ingredientes que llevaba. Precio: $ 8

Philly steak
Este día queríamos experimentar así que fuimos caminando por la Novena Avenida, llena de pequeños restaurantes. No entendía bien los platos del menú pero sabía que “steak” era carne y eso suele ser una garantía. Cuando nos sirvió los platos, la camarera me explicó que se habían equivocado y en lugar de Philly steak me habían preparado “eggplant”. No domino los nombres de las verduras así que le pregunté y me dijo en francés “aubergine”, lo entendí porque en valenciano se dice casi igual. El Philly steak es un bocadillo de carne de ternera picada con queso. Este restaurante fue el primero que encontramos que tenía “free refill” en la bebida.

Hamburguesa
El típico día en que no quieres arriesgar nos dirigimos a una hamburguesería que habíamos visto reseñada en Google Places y quedaba cerca de casa: The Five Napkin Burger. Nada más sentarnos nos sirvieron sendos vasos de agua con hielo que rellenaban cada poco tiempo. Como no conocíamos esta costumbre, pedimos aparte nuestras bebidas, gran error que se reflejaría en la cuenta. Lo que me sorprendió es que los clientes del restaurante pedían para beber batidos, de modo que aunque parecía que estaban en el postre en realidad estaban todavía con los aperitivos. La hamburguesa es una de las mejores que he probado así que la fama de los estadounidenses con este plato es merecida.

RESTAURANTES
El Union Square Café nos lo recomendó John Williamson. Mi impresión es que estaba lleno a partes iguales de neoyorquinos del barrio y de turistas en deportivas como nosotros. El vino más barato costaba 11 dólares la copa así que el agua del grifo que servían gratis nos supo fenomenal. De la carta elegí un solomillo (sirloin) sobre lecho de rúcula con parmesano como plato principal. La cuenta, al no beber alcohol, fue moderada: 66 dólares que se convirtieron en 80 con la obligatoria propina.

En Angelo’s probamos una pizza y un plato de pasta que me supieron muy auténticos.

NOTA: en los platos que no son muy conocidos en España he incluido enlaces a Google Images para que podáis haceros mejor una idea de cómo son, faltaría sólo el sabor :)