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La vuelta al siglo XIX

Ya he leído varios artículos, el último Por qué deberíamos declararle la guerra a la ropa de poliéster, que reclaman directa o indirectamente la vuelta a prendas de ropa de mayor calidad y, al mismo tiempo, más respetuosas con el medio ambiente. Hasta ahí todo suena perfecto pero no dan respuesta a una cuestión muy importante: cuánto costará vestirse con esas nuevas prendas, más duraderas pero también más caras. Y de este dilema surge el título de mi post: la vuelta al siglo XIX.

No lo conozco por la historia, sino por el cine o por las novelas de Sherlock Holmes, antes del siglo XX la ropa era cara, un abrigo te podía durar toda la vida, si se estropeaba se remendaba… Unos podían pagarse ropas de calidad y otros vestían harapos. Las diferencias estaban muy marcadas.

Después de las Guerras Mundiales esto cambió. Había que encontrar compradores para las lavadoras y los automóviles y se creó la clase media. Según algunos economistas esto fue tan sólo un paréntesis en la historia y la reciente crisis económica le habría puesto fin.

La moda low cost se define en ocasiones como un asunto “entre pobres”: los que trabajan 16 horas diarias para confeccionar las prendas y los que se visten en Primark o HM.

Lo cierto es que la ropa low cost no resiste dos lavados, al menos la moda infantil, que luce muy bonita cuando la compras pero se deteriora rápidamente. Ni por asomo la puede heredar un hermano o un primito, considérate afortunado si aguanta una temporada. Por eso tiendas como Percentil solo aceptan ropa “de marca” para revenderla.

Personalmente, hace años que salí del círculo de la moda. Desde que no trabajo en una oficina visto según mi propio “uniforme”, al estilo de Mark Zuckerberg o Steve Jobs. Los motivos fueron tanto externos (no encuentro tallas, no me gustan las prendas) como internos (no quiero perder tiempo siguiendo las tendencias, no quiero cambiar de armario cada año). El resultado es comodidad, ahorro de tiempo… pero también tiene sus inconvenientes como la dificultad para encontrar esas prendas comodín que no siguen las modas (básicos los llaman), o pagar un precio algo mayor a cambio de reutilizarlo varias temporadas.

242017-167 – Department 2 Women Type 42 Outerwear Product 242017 Material 167 Wool twill #ARKET

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¿Qué están haciendo las firmas de moda al respecto? Pasado mañana HM lanza Arket, un nuevo concepto de tienda que se define así: “El ADN de la firma es atemporal, nítido, de calidad y cálido“. La clave para mí son las palabras “atemporal” y “de calidad”. ¿Realmente van a renunciar a todo lo que significa “moda? Es decir: el círculo virtuoso/vicioso de comprar ropa y renovarla y combinarla con otra nueva cada temporada? Soy escéptica. Y “de calidad”, es decir, más cara, más ingresos para ellos pero ¿a costa de que los clientes renueven con menor frecuencia su vestuario? Y ¿qué ocurre con los que no quieren o no pueden comprar a mayor precio? ¿quedarán relegados a vestir ropa de segunda mano o deteriorada? Tiendas como Humana ya se han subido a este tren.

No sé si es una revolución ecológica bienintencionada (reducir, reutilizar…) o una vuelta escondida al siglo XIX. Los medios nos hablan continuamente del mundo cambiante en que vivimos pero es difícil distinguir qué tendencias se cumplirán y cuáles no.

Si la lógica se impusiese, el teletrabajo daría una segunda oportunidad a la vida en los pueblos, pero lo que nos anuncian es ciudades cada vez más grandes.

Si la lógica se impusiese, no se entraría a la oficina a las 9 y se iría a Ikea los sábados por la tarde, generando increibles atascos (en ambos casos), sino que cada uno podría ajustar sus horarios y hacer la compra o trabajar con mayor libertad de elección, pero la realidad es tozuda y no entiende de eficiencia y lógica.

Entonces ¿estamos volviendo al siglo XIX? ¿fue el siglo XX un paréntesis? ¿Regresa la polarización social y económica? Hace 10 años ser mileurista era motivo de tristeza y hoy un sueldo de 600 ó 700 euros es habitual. Mientras, los alquileres suben y las promociones de nuevas viviendas son capaces de anunciar un bloque entero de pisos de 70 m2 y un solo dormitorio. Explican que es porque la sociedad camina hacia viviendas unipersonales pero creo que los motivos son otros más especulativos que no nos cuentan.

En definitiva, que algunas veces pienso que volvemos a los escenarios de las novelas del XIX y otras que vamos directamente a la Edad Media.

Era un vulgar sombrero negro de copa redonda, duro y muy gastado. El forro había sido de seda roja, pero ahora estaba casi completamente descolorido. No llevaba el nombre del fabricante, pero, tal como Holmes había dicho, tenía garabateadas en un costado las iniciales «H. B.». El ala tenía presillas para sujetar una goma elástica, pero faltaba ésta. Por lo demás, estaba agrietado, lleno de polvo y cubierto de manchas, aunque parecía que habían intentado disimular las partes descoloridas pintándolas con tinta.

-No veo nada -dije, devolviéndoselo a mi amigo.

-Al contrario, Watson, lo tiene todo a la vista. Pero no es capaz de razonar a partir de lo que ve. Es usted demasiado tímido a la hora de hacer deducciones.

-Entonces, por favor, dígame qué deduce usted de este sombrero.

Lo cogió de mis manos y lo examinó con aquel aire introspectivo tan característico.

-Quizás podría haber resultado más sugerente -dijo-, pero aun así hay unas cuantas deducciones muy claras, y otras que presentan, por lo menos, un fuerte saldo de probabilidad. Por supuesto, salta a la vista que el propietario es un hombre de elevada inteligencia, y también que hace menos de tres años era bastante rico, aunque en la actualidad atraviesa malos momentos. Era un hombre previsor, pero ahora no lo es tanto, lo cual parece indicar una regresión moral que, unida a su declive económico, podría significar que sobre él actúa alguna influencia maligna, probablemente la bebida.

El carbunclo azul, Arthur Conan Doyle.

Las etapas de internet

Recientemente un inversor predecía la desaparición de Facebook en un plazo de cinco a ocho años. Lo que me llamó la atención de las declaraciones de Eric Jackson, no obstante, fue su división de las etapas de internet en:

  • Primera generación: los grandes portales web (Yahoo! y Google)
  • Segunda generación: la web social (Facebook)
  • Tercera generación: plataformas móviles

Continuaba diciendo que del mismo modo que Google no había sabido adaptarse a la web social Facebook estaba teniendo problemas para competir en la era del móvil.

El punto de vista de Jackson rompe con el viejo concepto de web 1.0 y 2.0. Según la tradicional división Google pertenecería a una segunda etapa de internet y no a la primera. Mi postura es más cercana a esta visión que a la de Jackson, entre otras cosas, porque no creo que la revolución de lo social y la revolución del móvil sean consecutivas, sino paralelas.

Entonces ¿en qué etapa nos encontramos? Me gusta revisar periódicamente la tabla que compara los servicios que definieron la web 1.0 y la web 2.0 para ver qué avances se han realizado. Normalmente no consigo rellenar todas las casillas pero en el último intento logré un pleno. Lo puedes ver a continuación:

Web 1.0 (O´Reilly) Web 2.0 (O´Reilly) Web 3.0 (Elab. propia)
Double Click Google Adwords Facebook Ads
Ofoto Flickr Instagram
Akamai BitTorrent Dropbox
mp3 Napster Spotify
Britannica online Wikipedia Quora
Páginas personales Blogs Twitter
Evite Upcoming.org Foursquare
Especulación con dominios SEO Compra de fans/followers
Páginas vistas CPC Engagement
Scrapping Web services APIs
Publicación Participación Compartir
CMS Wikis CMS
Directorios Tagging Hashtag
Fidelización Sindicación Following

De acuerdo con este análisis (un poco libre, lo admito), hemos completado la tercera fase, con una combinación de servicios sociales y móviles y, si la fase tres está cerrada, deberíamos estar inaugurando la cuarta, donde el camino es aún borroso.

¿Por qué creo que social y móvil son paralelas y no consecutivas? Lo sustenta la cronología que hemos visto. Que Google haya sabido adaptarse mejor a la internet móvil y no a la internet social y Facebook al contrario, se debe a que la internet móvil es una cuestión, todavía hoy, tecnológica: un nuevo SO, nuevos dispositivos, nuevos ecosistemas. Y Google en esos campos tiene experiencia e ingenieros. Lo social, en cambio, tiene unas reglas distintas. No es un problema tecnológico. A menor escala, esto también nos afecta a las personas: puedes sentirte cómoda consultando Twitter en un smartphone pero espantarte las conversaciones sin privacidad de Facebook.

Y por cerrar como empezábamos, ¿cuánto tiempo de vida le queda a Facebook? esta búsqueda en Google Insights es muy reveladora. Dibuja una curva de manual. Si comparamos la evolución de Facebook con el ciclo de vida de un producto vemos que se encuentra en su madurez. ¿Le seguirá el declive o serán capaces de reinventarse?

Evolución de la popularidad de Facebook:

Ciclo de vida de un producto (Wikipedia):