4 días interminables

by Gemma Ferreres

Escribo desde Madrid. Anoche llegamos de Tokio vía Moscú con Aeroflot. Los últimos cuatro días, desde que se produjo el terremoto en Japón han sido interminables, como un día larguísimo.
Todos pendientes de las noticias
Ya conté cómo viví el terremoto. Esa noche, siguiendo las indicaciones para estos casos, dormimos con la ropa puesta y por turnos por si una réplica fuerte nos obligaba a salir corriendo de casa. Al día siguiente se produjo un incendio en la planta nuclear de Fukushima y esto nos puso mucho más nerviosos que el terremoto. Sabemos que Japón está preparado para resistir seismos pero ¿una alerta nuclear? Las noticias no mejoraban y por la tarde, cargados con lo esencial nos fuimos al aeropuerto dispuesto a comprar billetes para volver a España. Sin embargo, no circulaba el Narita Express y el tren que tuvimos que coger iba muy lento. Cuando llegamos al aeropuerto los mostradores estaban cerrados y, casi sin darnos cuenta, estábamos atrapados allí porque aunque fletaron autobuses gratuitos de vuelta a Tokio el metro a esa hora ya no funcionaba, por lo que no podíamos volver al apartamento.
Noche en el Narita Airport
Apenas dormimos esa noche. El personal del aeropuerto repartió sacos de dormir, agua y galletitas saladas pero nosotros estábamos en continua comunicación con España desde donde nuestras familias intentaban conseguirnos un vuelo de vuelta. No tuvimos éxito y, por un problema u otro (¿enviar un fax a Rumbo para confirmar la identidad?) al amanecer seguíamos sin tener forma de volver a España. En el mostrador de KLM nos pedían esperar hasta las 11 de la mañana para saber si habría algún asiento libre en su vuelo de las 12.30 del domingo. Entonces no sabíamos que estaban acomodando a las personas que habían visto retrasados sus vuelos por el terremoto, que tenían prioridad. Muchos de ellos, algunos con niños, habían dormido en Narita Airport. En este momento estábamos tan cansados tras dos noches casi en vela y por el estrés de las contínuas réplicas del terremoto que decidimos arriesgarnos y volver al apartamento en Tokio para dormir un rato.

Esa tarde contamos por Twitter cómo volvíamos a tener gas y agua caliente y cómo seguíamos buscando vuelos de vuelta porque todas las noticias anunciaban un 70% de probabilidades de una réplica fuerte en los próximos tres días y, por tanto, nuevo riesgo para las centrales nucleares. Después de decenas de intentos fallidos encontramos billetes de avión a Madrid a precios razonables, primero con Finnair y finalmente con Aeroflot el lunes día 14 a las 13.05 horas. Nos fue muy útil el buscador de vuelos Trabber, que continuamente se actualizaba con nuevas ofertas de vuelos, aunque en ese momento eché en falta algún botón de pánico para emergencias que buscara cualquier vuelo de salida.

En el limousine bus con más extranjeros Nos acostamos temprano y el lunes a las 5 de la mañana estábamos en pie. De nuevo, no circulaba el Narita Express pero de la Tokyo Station partían unos limousine bus al aeropuerto. Subimos en uno con otros extranjeros y en hora y media estábamos de nuevo en Narita. Faltaba tanto tiempo para que saliera el vuelo que nos dio tiempo a desayunar un donuts, una café con leche y un zumo de naranja que nos sentó de maravilla después de dos días sin gas para cocinar y comiendo sólo ocasionalmente algo de fruta o lo que tuviéramos más a mano.

Vistas de Narita el 14 marzo Mientras hacíamos cola para facturar vivimos otro terremoto. Fue tan fuerte que no puedo considerarlo una simple réplica. Finalmente embarcamos y veinte horas después nos encontrábamos con nuestras familias y amigos en Barajas.

La noche del lunes, ya en Madrid, las noticias que llegaban de Japón no eran buenas y ha comenzado el éxodo de extranjeros. En el momento de escribir estas lineas, martes 15 de marzo, todo parece de nuevo bajo control pero la situación aún no es estable por lo que no hay que bajar la guardia.

Estos días hemos tenido sentimientos encontrados porque en el poco tiempo que hemos podido pasar en Tokio hemos sido muy felices. Fuimos muy ilusionados y nos da pena todo lo ocurrido, más aún a un pueblo tan extraordinario como el japonés, que se ha portado extraordinariamente con nosotros, siempre intentando ayudarnos cuando pedíamos información sobre cómo llegar a un lugar, dónde comprar tickets etc.

Por último, quiero expresar mi agradecimiento a todas las personas que se han interesado por nosotros y nos han enviado mensajes de ánimo. Nos ayudaba a mantener la mente ocupada y a no pensar en la siguiente réplica.

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