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Primera prueba superada

Como tengo la impresión de que no mucha gente entra a leer estos posts, espero que tampoco importe que cuente cosas intrascedentes que me gustaría tener como archivo del viaje :)

Hoy hemos completado las tareas que dejamos inacabadas ayer. Como el apartamento lo entregan prácticamente vacío hemos tenido que comprar cosas tan básicas como toallas o perchas para la ropa. No las trajimos de España porque hubieran ocupado el preciado espacio de la maleta, tan sólo viajaron con nosotros dos toallas de microfibra, como las que usan los deportistas y que dobladas no ocupan nada. Como al volver a Madrid deberemos dejarlas en el apartamento, las toallas las hemos comprado en una tienda de “Todo a 100 yenes”.

Por la tarde, hemos aprendido el camino a la academia de idiomas y, por fin, en OIOI, unos grandes almacenes, encontramos el gel de ducha al que me referí en el anterior post. Sin importar que fuéramos extranjeros o que no conociéramos el idioma, la dependienta ha intentado endosarnos una tarjeta de puntos y hacer un upselling. Tal vez el motivo era la baguette envuelta como si fuera un regalo que acabábamos de comprar, ya que el pan de tipo europeo es un artículo casi de lujo.

24 horas. 8 supermercados

Llevamos 24 horas en Tokio y después de pasar la primera noche estoy en condiciones de contar nuestras primeras andanzas. Vaya por delante que no pretendo describir la cultura japonesa, para eso ya hay muchos y muy buenos blogs desde hace años, sino narrar nuestra sorpresa y curiosidad ante cada cosa que vemos.

De España traíamos lo imprescindible, por eso después de dejar el equipaje en el apartamento salimos a comprar artículos de primera necesidad.

Leche, zumo y pasta de dientes

En un Lawson encontramos leche desnatada, zumo de naranja, plátanos, papel higiénico, pero nada de carne o pescado fresco, todo precocinado.

A pocos metros había otro supermercado cuyo nombre aún no hemos descifrado. Era un establecimiento mucho más surtido, y tenían aceite de oliva, champú, huevos frescos y filetes de pollo.

Lo que me sorprendió en estos primeros supermercados fue el tamaño de los envases. En Europa a veces es difícil encontrar dosis individuales de muchos productos y en nuestras primeras incursiones lo complicado estaba siendo comprar un paquete de cereales para el desayuno que nos durase más de dos días.

Después de estas compras rápidas esperamos en casa al empleado de la compañía del gas, que venía a revisar la instalación y darnos de alta. En cuanto se fue, reanudamos nuestro proceso de familiarización con el barrio, todavía nos faltaban algunas cosas. Las más difíciles de localizan han sido (o están siendo):

  • Sal. Quién lo iba a decir. Este condimento, que en España se vende por kilos a precios irrisorios, nos ha llevado varios supermercados encontrarlo. De hecho, pensábamos que por fin lo teníamos y resultó que aquello que venía en un salero y parecía sal era “glutamato monosódico”, producto considerado cancerígeno en EEUU.
  • Gel de ducha. Aunque no leas japonés, los envases y sus etiquetas te pueden dar la pista de qué producto es el que tienes delante. Esto nos ha funcionado con el dentífrico, que llevaba el dibujo de un cepillo de dientes. En el caso del champú, el texto aparecía también en inglés. Lo que está siendo complicado es encontrar gel de ducha. Con el katakana que sabe Rubén hemos descifrado palabras en inglés como “moisturizing” que nos permitían descartar errores y no acabar duchándonos con crema hidratante. Al final la decisión que hemos tomado es comprar un mini-frasco de un jabón líquido y esperar a comprar el gel en los grandes almacenes Isetan, a los que iremos hoy.
  • Pan. En este caso venía sobre aviso. Para mí el pan es casi delicatessen. Echaré de menos las barras gallegas del intercambiador de Plaza Castilla en Madrid. En Tokio venden muchos tipos de pan, pero dulce, por lo que lo clasifico en el apartado “bollería”. Por ahora, creo que desaparece de nuestra dieta.

Por si alguien se ha quedado con la preocupación, esta mañana, en un supermercado totalmente opuesto a lo descrito (abundancia de productos frescos, envases de grandes tamaños…) hemos encontrado sal para cocinar y los filetes de pollo nos han sabido riquísimos.

Cuando las águilas no pueden utilizar ya ni su pico ni…

Un amigo, a propósito de la aventura que emprendemos la próxima madrugada, me ha enviado un texto motivacional del que extraigo este fragmento. Abstenerse enemigos de los libros de autoayuda :-)

Cuando, alrededor de sus cuarenta años de vida, las águilas maduras no pueden utilizar ya ni su pico ni sus garras retorcidas, destruyen el pico envejecido golpeándolo contra las rocas. Después de un largo ayuno crece un nuevo pico con el que se arrancan de raíz las plumas viejas y las inservibles garras. Con su equipaje renovado las águilas emprenden el vuelo de una nueva vida.